Tormenta de verano

Más vale quedarse aquí y esperar, a lo mejor se calma la tormenta y se despeja el cielo, y entonces podremos encontrar el camino por las estrellas.” (Pushkin)

noria antigua feria

Hubo una noche de Santiago allá por los años treinta en la que sin que nadie las invitaran se presentaron, casi al mismo tiempo, cuatro tormentas.

El agua descargó con furia, los vientos arreciaron y los relámpagos serpentearon en  el cielo cuando la fiesta se hallaba en su apogeo.

Las gentes de Dos Hermanas que se concentraban en la Plaza del Arenal disfrutando de la Feria no tenían donde resguardarse y corrían asustadas mientras que los músicos se afanaban en poner a salvo sus instrumentos. La Plaza se convirtió  en una laguna de algo más de medio metro de profundidad.

En breve se formó una corriente en direción a Sevilla en la que eran arrastrados veladores, mástiles de banderas y caballitos de cartón hinchados, algunos restos fueron encontrados a dos kilómetros del pueblo flotando en el arroyo de Las Culebras al día siguiente.

Una niña de unos ocho años quedó olvidada en una de las cunitas de la pequeña noria, no tuvo miedo, pero sí algo de frío porque estaba empapada cuando la rescataron. Lo vió todo desde un lugar privilegiado y no lo olvidaría en toda su vida.

Para saber más:

Las tormentas de los años treinta/ José Vizcaino García en: Revista de Feria 1990.

Anuncios

En donde el pueblo acaba

Cuentan que  no hace muchos años, hubo un zapatero remendón que aprovechaba la sombra de una gran acacia para colocar su tenderete allí y arreglar los zapatos de los que iban y venían a la estación, lo apodaban “el duro”.

zapatero_remendonLa acacia se encontraba en lo que hoy conocemos como Plaza del Arenal.

A finales del S XIX, el pueblo se acababa antes de llegar a la estación, los últimos edificios más destacables que se encontraban eran el molino de Alonsito (a la altura de donde hoy se encuentra Maphre), y el edificio de dos plantas del “Café del Burujito” más tarde bar “La Fifa” al otro lado.

Más allá, se extendía  una polvorienta esplanada atravesada por un camino de unos tres metros de ancho en dirección hacia las vias del tren, el lugar era frecuentado por el ganado de los vecinos que iba a pastar y las ratas merodeaban entre los montones de basura que la gente arrojaba.

Sería Federico Caro, médico y alcalde de la villa, el que adecentara el lugar mandando plantar árboles y construyendo  un paseo.  -Quiero que dispongan cuatro quioscos de forja de hierro en cada extremo, que se coloquen  sillas y veladores en torno a ellos para que los vecinos tengan un lugar en donde solazarse y esperar a los viajeros-

Después llegaron otros alcaldes que  cambiaron el nombre y la fisonomía de esta plaza.

Foto de:Rafael Gómez Álamo

Foto de:Rafael Gómez Álamo

En 1979 recupera su nombre popular “Plaza del Arenal”.

Se ha escrito mucho sobre este lugar y también podemos encontrar excelentes albumes de fotos tanto de imágenes antiguas como  actuales.

"Tablao de la música"

“Tablao de la música”

Si queréis conocer más, estas son mis recomendaciones:

  • El Arenal y la Estación de ferrocarril/ Manuel Fernández Vargas en Revista de feria de 1980
  • Calles, Plazas, campo…Dos Hermanas/Pedro Sánchez Núñez
  • doshermanasayeryhoy.blogspot.com
  • harinadearrozdecolores.blogspot.com

Farolillos en San Juan

Imagen

Allá por 1900 se celebraban a finales de junio unas “Velaitas”. Estas fiestas populares se celebraban en la plaza del Arenal. Se colocaban tiovivos, puestos de chucherias y acudían gitanos con animales amaestrados que bailaban al son de tambores y platillos.

La Plaza se decoraba con farolillos provistos de unas velas pequeñas que se encendían para iluminar la feria, de ahí el nombre de “velaita”, cuando las luces se encendían el alumbrado resultaba muy hermoso, pero había que tener cuidado cuando se leventaba el viento ya que no sólo dejaba a los feriantes a oscuras, sino que en más de una ocasión prendía fuego a los livianos farolillos.

(Fuente: Anecdotario nazareno/Esteban Rufino en Revista de Feria de 1979)